miércoles, 13 de junio de 2012

Within, no between

Hablar de según qué cosas puede ser escabroso. No obstante, el escatologismo propio del ser humano se presta a servir ciertos intereses que, lejos de ser decorosos, se rebajan al más ínfimo nivel, socialmente hablando. El tabú, en lugar de sentar un precedente de claridad, de cerrar un concepto porque ya está pleno y no precisa de mayores matizaciones, de creer que hay un significado asentado, establecido, irreductible; crea confusión y desconcierto, produce cientos y cientos de ideas que, sin embargo, no pueden ser verbalizadas precisamente por su carácter de tabú. Así, nos movemos en enormes lagunas de incertidumbre que, sin duda, son utilizadas por otros en función de sus intereses.

Cuestionar el poder es un tabú. Preguntar qué es el poder y qué lo legitima es meterse en un limbo infinito. Una enorme red de pequeños epicentros, decenas de ellos, que sostienen una pequeña parte de ese etéreo ente que es el poder y que le permite no ser comprensible por quien no pertenece a él. En otras palabras, sólo comprende el poder quién lo ostenta. Michel Foucault así lo dijo conversando con su amigo Gilles Deleuze. Si sólo el que ostenta (que no tiene porqué ser el mismo que lo detente) el poder lo entiende, ¿qué hacemos el resto de mortales? Podríamos pensar que nos movemos entre dos pinzas de una tenaza que no nos permite desviarnos del camino que la Ley marca. Vivir en sociedad comporta someterse a los términos que el poderoso dicta. Cada individuo debe ocupar el lugar que le corresponde: no hay un no-lugar, un afuera de la sociedad donde la Vida sea posible.

Vivir biológicamente sólo importa en tanto que somos socialmente útiles. En tanto que producimos. Que formamos parte de un engranaje que perpetua y legitima al mismo tiempo un poder. No nos pertenece ese poder, pero sólo hay que cogerlo desde dentro.

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