jueves, 26 de julio de 2012

Envy

Seguía mirándolo. Ceño fruncido, su nariz sufría espasmos involuntarios a tiempos regulares. ¿Por qué? Se preguntaba cómo podía hundirle la vida. Si no se merecía lo que tenía, era justo que sufriera la otra cara de la moneda y que, como Job, lo perdiera todo. ¿Por qué yo no? Apretó los puños, las puntas de los dedos blancas. Sus uñas dejaron marcas en las palmas de las manos mientras los brazos se le tensaban sobremanera. Tuvo una contractura en la espalda. Seguía mirándolo. Empezó a respirar más rápido. Las aletas de la nariz se movían de forma cómica, las muecas de la boca delataban sus pensamientos. ¿Por qué yo no?

Se merece perderlo todo. Claro que sí. Esa felicidad postiza no es normal. Vamos, yo no me lo creo. No se lo cree ni él. Fíjate, qué sonrisa que trae. Éste hoy ha follado, pero dirá que es feliz porque ha pasado la noche con la mujer de su vida. Mira qué coche trae, menuda indecencia. Eso come como un elefante. ¿Y el traje? Por favor.

Se levantó a sacar un café de la máquina. Oh, buenos días, cómo va eso. Creo que peor que a tí, vaya sonrisa me traes de buena mañana, ¿te la triunfaste?. Es evidente que sí. Sonrisa de oreja a oreja.

Se le disparó la mandíbula. Hijo de puta. Luego le rayaré el coche. O le robaré el móvil y llamaré a esa putita, diciéndole que el capullo este tiene la sífilis. O la gonorrea, o algo peor. Argh, hijo de la gran puta.

Se tomaba el café junto al cigarrillo allí arriba, en la azotea, y seguía barruntando cómo podía hundirle la vida. Sonó su teléfono. Hola, cariño. Nada, echando el descansito. Sí, todo bien. Llegaré para comer. Maldito cabrón, pensó. Vio su coche allí abajo, aparcado junto al Porsche del amigo. 40.000 euros tirados a la basura, se dijo, al lado de ese bicharraco. Agarró una piedra y, apuntando, la dejó caer. La luna del coche estalló en mil pedazos.

Entró en casa. Su mujer preparaba la comida. Olisqueó. Otra vez rancho. Hola cariño, ¿todo bien? Vaya cara me traes. No pasa nada. Cayó en la cuenta de que se le había olvidado robar el móvil del colega. Dónde debo tener la cabeza. ¡Hola papa! En el cole he hecho dibujitos. Qué bien.

Mientras estaba sentado en el WC, agarró un bolígrafo y dibujó la cara del amigo en un trozo de papel. Luego lo arrojó al retrete y pensó, satisfecho, cómo se haría justicia.

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