lunes, 8 de octubre de 2012

Memento mori

No hay mañana que lo recuerde. Cuando me levanto, antes de que salga el sol, lo sé. Cuando me voy a dormir no puedo dejar de pensar en ello. Somos finitos, dicen. Hay un ciclo de la vida y hay que quemar etapas, no estancarse, dicen. Pero debemos vivirlas. Pasar una por una. Nacer, aprender a andar y a hablar, ir a la escuela, la pubertad, la primera relación. Salir de fiesta, cometer locuras, sentar la cabeza. Trabajar, estudiar. Casarse, tener hijos, educarlos y tener alegrías con ellos. Morir en paz. Eso dicen. Convencionalmente, eso es una vida entera. Tiene un principio, un final y muchos sobresaltos. Y, probablemente, felicidad. Pero tu ya no estás aquí. 

No puedo recordar con exactitud cuál fue la primera vez que nos vimos. Sé que hace mucho tiempo. Muchos años. Más de diez, más de quince. Veinte, logra contar mi cabeza. Veinte años. Este año hará veinte. Parece una eternidad. Pero tu ya no estás aquí.

Todos seguimos el curso de nuestras vidas. Intentamos y conseguimos algo, seguimos luchando día a día por vivir en un mundo hostil donde constantemente nos pisamos unos a otros en pos de un triunfo. Ficticio. Como la mayoría de cosas que nos rodean. Pienso en ti y en cómo disfrutabas con aquel grupo que tú nos enseñaste y creo que, efectivamente, no todo es humo. Hay cosas auténticas. Reales. No las podemos tocar, pero ahí están. Pienso en ti y en cómo disfrutabas. Sí, algo puede cambiar en este mundo. Pero tu ya no estás aquí.

No puedo recordar con exactitud cuál fue la primera vez que nos vimos. Sé que hace mucho tiempo. Muchos años. Más de diez, más de quince. Veinte, logra contar mi cabeza. Veinte años. Este año hará veinte. Parece una eternidad.

Un veneno que te corroe por dentro y te quema las entrañas. Un veneno te quitó la vida. Un veneno que, por azar o por puro determinismo, te mató. Dolor. El que tú sentiste postrado en una cama. No tuve valor para ir a verte mientras, exhalación tras exhalación, tu vida te abandonaba. No pude. Nunca me lo perdonaré. Y últimamente no dejo de recordarlo. No hay mañana que lo recuerde. Cuando me levanto, antes de que salga el sol, lo sé. Cuando me voy a dormir no puedo dejar de pensar en ello.

No puedo recordar con exactitud cuál fue la primera vez que nos vimos. Sé que hace mucho tiempo. Muchos años. Más de diez, más de quince. Veinte, logra contar mi cabeza. Veinte años. Este año hará veinte. Parece una eternidad.

Recuerdo aquel día en que dijiste que no digerías bien la comida, que no podías ingerir nada apenas. Que todo salía por donde había entrado.

Un cáncer de estómago te mató hace dos años. Hoy no es el aniversario de tu muerte. Pero te recordamos cada día. A cada inspiración de ese aire que se te negó. Hay momentos en que me arrancaría el corazón del pecho. De muy poco serviría.

-Vamos a verle, por favor.

-No puedo. Yo no puedo.

Sólo he llorado dos muertes en toda mi vida. A una, le había llegado su hora. A la otra no, sin duda no le había llegado. Y todavía hoy. Me pregunto por qué tuvo que tocarte a ti. POR QUÉ.

[En recuerdo a Dani Cayuela]



2 comentarios:

  1. ¿Sabes? Creo que no deberías sentirte mortificado. A veces estas cosas se nos atragantan y no podemos ver cómo se consume una persona querida. Cuando mi abuela estaba muriendo a mí me costaba asimilarlo y hacía como que no pasaba nada. Pero quizá él lo comprendió y con este texto lo has dejado aún más claro. Que tu conciencia esté tranquila, todos nos acobardamos ante la muerte. Y no de la nuestra, si no de la de las personas que más queremos.

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  2. Muy bueno David, pienso que todos podemos sentirnos muy identificados con tu texto.
    Se fue nuestro amigo y sentimos nostalgia no sólo por lo que fué, sino por todo lo que podría haber sido, todo lo que podríamos comparir con él si aún estuviera aquí.
    Vas por la calle y de repente parece que sí, que es él, una persona que has visto a lo lejos, pero No, una vez mas solo era tu imaginación, tu deseo de volverle a ver.
    A veces me encuentro con él en sueños, es todo tan real! Luego me despierto y ZAS! se acabó el hechizo. Entonces siento el dolor de su ausencia, de saber que ya no va estar más aquí.
    Sin embargo, hay algo de él que no me pueden quitar, algo que es tan real cómo la vida misma y es que el Cayu forma parte de mi ser, puedo sentirlo dentro de mi y así va ser para siempre. Como tu bien dices "no todo es humo. Hay cosas auténticas. Reales. No las podemos tocar, pero ahí están."
    Esto es una gran verdad. En el Bhagavad Gita, el dios Krishna consuela a Arjuna con estas palabras: "Per la mort d'allò que no pot morir, deixa d'afligir-te."
    Esta frase me ha sido de gran ayuda, te recuerda que el Cayu siempre va estar ahí, dentro de ti, y que cosas como ésta -tu texto- lo mantienen vivo.
    Te lo has currado David, sigamos hacia adelante, porque estas cosas -"auténticas, reales, que no podemos tocar, pero que ahí estan"- son las que nos dan la fuerza para vivir!

    Aunque nos duela tu ausencia, seguiremos luchando, como lo hiciste tu, Cayu, dejándonos la piel en el campo!

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