viernes, 30 de noviembre de 2012

Esquizofrenia del mestizo

Le sobrevino algo muy potente. Había ganado y había perdido, pero aún no había terminado la batalla. Ella sabía que no terminaría jamás, siempre se mantendrían en pugna dos partes de su mismo ser. Un ser que se supone indivisible, ontológicamente uno y sin fisuras. Uno que se desenvuelve en un mundo que acepta como propio, que interactúa con otros unos que son como él, que siempre pugnan por un lugar mejor en una sociedad que, por un lado, fomenta esa lucha y, por el otro, propaga mensajes de amor al prójimo, de solidaridad, de humanidad.

Ella se preguntó qué es ser un ser humano. En algún otro momento, habría respondido que, evidentemente, un ser humano es alguien que pertenece a la especie Homo sapiens sapiens, un animal bípedo y social que, al contrario que el resto de seres vivos, vive según la convención. Sí, eso era ser un ser humano. Antes, no ahora. Después de llorar por todo lo que veía en el mundo, ya no lo tenía tan claro, y al no tenerlo tan claro, pensó. No vio que pensar es la fuente de la mayoría de los males de los humanos, y por ello empezó a sufrir. Poco a poco, no sabía quién era ella, y se disolvió en una maraña de abstractos conceptos que apenas podía entender. Se sabía confundida, terriblemente confundida. En algún otro momento, habría pensado que, probablemente, podía vivir con ello. Pero no podía. 

Sus raíces. Se argumenta a menudo que una persona se define por el lugar de donde procede. Ella había nacido y vivido en un lugar, de eso no le cabía duda. Pero algo había ocurrido en su cabeza. No podía decir con exactitud quién era porque ni siquiera sabía cómo podía definirse en esos términos. El desapego hacia aquello que suponía suyo, progresivo, lento pero constante, afloró en su mente de una forma que no podía esperar. Vivía dos vidas.

Ella era un texto en continua reescritura delante de los seres únicos que la rodeaban. Ellos creían ser uno en su especificidad. Pero ella no era uno, sino que era dos. Dos seres en uno que luchaban por salir. Uno de ellos era feliz. Tenía todo lo que podía desear, sus expectativas eran colmadas constantemente. El otro no vivía. La constante observación del mundo había convertido al Otro en algo más profundo que su contraparte. En algo que no podría ser satisfecho jamás, en algo que siempre tenía un hambre voraz. Siempre necesitaba más. De qué, no lo sabía. Sí creía que el Otro existía a merced del sufrimiento. Si del propio o del resto, no lo sabía. El Otro nunca descansaba, siempre construía castillos de naipes en su mente que se derrumbaban en poco tiempo. Sólo se hacía preguntas, y al no poder responderlas, la frustración podía con él. 

Sus raíces. Se argumenta a menudo que una persona se define por el lugar de donde procede. Ella había nacido y vivido en un lugar, de eso no le cabía duda. Pero ya no lo había hecho. Era una partida en dos y, por lo tanto, pertenecía a dos lugares y a ninguno al mismo tiempo. Mestiza de sangre, mestiza de pensamiento. Habría deseado ser igual que el resto, pero debía aprender a vivir con ello. 

Por eso escribía. La escritura es la expresión del loco que se sabe incapaz de contar lo que surge en su interior de otro modo. Es figura y consumación de algo que todavía está en marcha, que supone un inicio y un final ficticios, inexistentes, que se pierden en una maraña incesante de ideas, sentimientos. Es el bello arte de trabajar con la palabra, con el lenguaje, puro artificio que se pone al servicio de algo abstracto o viceversa. La escritura enfrenta orden y caos en una batalla eterna. Un orden impuesto por una estructura discursiva, lingüística, que trata de organizar el gigantesco caos que es el texto del mundo, un texto en un escribir continuo que no finaliza jamás. Es la racionalidad frente a la emoción, un tango de la muerte que tiene un resultado que se acerca más a lo sublime que a lo bello.

Justamente lo que era ella. Una lucha constante.

1 comentario:

  1. Es como una película en la que no te esperas el final, y cuando llega gritas: ¡Joder, no lo había visto!. Genial.

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