lunes, 26 de noviembre de 2012

Stalked

No había momento en que no pensara en ello. Los recuerdos golpeaban la armadura de su memoria como si de un ariete se tratara. Se sentía débil e indefensa. Sabía que su mayor enemigo era ella misma. Pero en otro lugar, en otro tiempo, no había sido así.

Se echó a temblar en el mismo instante en que oyó los gritos. Pensó en usar el teléfono, pensó en agarrar un bote de lejía, pensó en correr. Pero no podía hacerlo. Sus pies tomaron voluntad propia y decidieron que no iban a moverse de allí, que qué se había pensado. Oyó como sus puños aporreaban la puerta.

No había momento en que no pensara en ello. A veces, aún hoy, nota como algo se funde en su interior. Ella, sí, ella. Por qué. No quería. No sabía. Pero había pasado, y aún hoy nota como algo se apodera de su mente. Se siente sucia y cree que tiene toda la culpa. Quién si no. En algún otro lugar, en otro tiempo, no había sido así. Ella había sido feliz. O eso creía.

Se echó a temblar en el mismo instante en que oyó los gritos. Un gato que acorrala un ratón y que no encuentra orificio de salida. Él. Su mente. Si no era él quien la acosaba, lo hacía ella misma. Una jaula formada por infinitos barrotes que puede llegar a doblegar a todo aquél que cree poderlo soportar todo.

No había momento en que no pensara en ello. A veces, aún hoy, cree que lo podría haber hecho mejor. Lo que no sabía ella, ni antes ni ahora, es que no puede controlarlo todo. Y al no poder controlarlo todo, no puede controlar los designios de los demás. Y al no poder controlar los designios de los demás, ella estaba a su merced y lo sabía. Eso sí lo sabía. Eso sí. Lo había comprobado en su propia piel.

Ojos que vigilan cuando les das la espalda y oídos que oyen lo que tu no dices.

Our love had been so strong for far too long
I was weak with fear that something would go wrong
Before the possibilities came true I took all possibility from you
Almost laughed myself to tears, conjuring her deepest fears

Se echó a temblar en el mismo instante en que oyó los gritos. Una pesadilla que no termina nunca. Un poco más cada vez aumenta el pánico ante lo inevitable. Porque antes las posibilidades eran eternas. Ahora también. Ella tiene miedo de su propia sombra porque sabe que es ésta quien le asestará el golpe. Pero alguna voz, en la distancia, le dice que, al fin y al cabo, todo el mundo muere, que no llore porque el tránsito es lo único que le queda.

No había momento en que no pensara en ello. Los recuerdos golpeaban la armadura de su memoria como si de un ariete se tratara. Se sentía débil e indefensa. Sabía que su mayor enemigo era ella misma. Pero en otro lugar, en otro tiempo, no había sido así. Pero alguna voz, en la distancia, le dice que, al fin y al cabo, todo el mundo muere y que, si no se protege ella, alguien lo hará en su lugar.

[Para más: http://croisetseptde1845.blogspot.com.es/2012/11/lvii.html]

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