lunes, 17 de diciembre de 2012

Algo sencillo

Luz plateada que asoma tras las nubes. Oye el sonido del mar. El viento acaricia su pelo, lo más precioso de este mundo. Ressa observaba el cielo, aquel lugar donde creía estar. Movía insistentemente los pies, escarbando en la arena, como si quisiera enterrar algo. Las olas mecían sus lágrimas y se sentía transportada hacia un lugar donde no había estado nunca. Pensó que no quería volver la vista atrás, volver a su vida. Quería estar allí. Allí y en ningún otro lugar.

Luz plateada que asoma tras las nubes y que ilumina un torrente de obsidiana que cae de la más bella cabeza que jamás haya visto. Pensó que no todos los seres humanos son iguales. Había conocido a alguien. Una mente que conecta con otra y que no hace falta hablar y al no hacer falta hablar todo se sabe y todo se comparte y sólo con una mirada. Una mirada. No, no le hacía falta nada más. Sólo con ver sus ojos ya lo supo. Notó algo que se escapaba a su obsesiva mente. Intentaba capturarlo y no podía, siempre esquivo. Una semilla que puede dar fruto en una tierra que se creía estéril, yerma. Ella sentía algo que nunca creyó ser capaz de acunar. Quería alimentar a ese pequeño y cuidarle, alentar un sentimiento que, aun siendo desconocido, era placentero. Placer. Cuántas veces se preguntó sobre ello.

Luz plateada que asoma tras las nubes y que ilumina un torrente de obsidiana que cae de la más bella cabeza que jamás haya visto ni en este mundo ni en cualquier otro. Habría matado en cualquier otro momento por sentirse así. Alas que elevan a un alma atormentada hasta una luz que creía que había dejado de existir. Anhelaba lo que sentía, y amaba a ese sentimiento tanto como esos ojos que había visto. Aún veía Ressa su boca moverse en su mente, hablando. Qué decía, no lo sabía, pero poco le importaba en ese momento. Quería estar allí. Allí y en ningún otro lugar.

Luz plateada que asoma tras las nubes y que ilumina un torrente de obsidiana que cae de la más bella cabeza que jamás haya visto ni en este mundo ni en cualquier otro y ahí quería perderse. Poco le importaba el mundo si podía quedarse allí. Una simbiosis entre ella y la eternidad que permanecía latente en algún lugar de su mente en un proceso constante que se para de repente, y ella piensa. Piensa lo que perdió y lo que ha ganado ahora. Se sintió vencedora sobre su oscuridad, sobre ella misma. Placer, eso sentía. En una sombra constante, una pequeña luz se había encendido. Ella, Ressa. Y esa otra persona. Quería comerse el mundo y tenía fuerzas para hacerlo. Por fin. No iba a ser derrotada nunca jamás.

Luz plateada que asoma tras las nubes y que ilumina un torrente de obsidiana que cae de la más bella cabeza que jamás haya visto ni en este mundo ni en cualquier otro y ahí quería perderse para no regresar nunca más. Quería algo sencillo. Su vida era una maraña incomprensible de conexiones sin ningún sentido que, como una fuerza arrolladora, la abrumaban. Quería algo sencillo. Un oasis de paz entre un campo de minas. Quería algo sencillo. Un sorbo del Santo Grial en mitad de una vejez insoportable. Quería algo sencillo, y estaba resuelta a conseguirlo. No iba a ser una víctima más del mundo. Ya lo había sido. Y bien sabía que no quería volver atrás. Ya no. Ella no. Por fin. No iba a ser derrotada nunca jamás. Quería estar allí. Allí y en ningún otro lugar.

1 comentario:

  1. Como te comenté en otra ocasión me encantan cómo usas los paralelismos, en este caso sumado a una progresión que se iba repitiendo. Simple, desde un momento se describe mucho más, pequeños detalles que conforman esa maraña de conexiones.

    Realmente me gusta como escribes =)

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