martes, 22 de enero de 2013

Adiós

Observas hasta donde tu vista puede abarcar. Todo te resulta conocido. Has pasado gratos momentos en todas esas calles. Puedes dar una canción, una cara, un nombre a cada una de esas esquinas, esos garitos. Había sido todo tuyo y en tu cabeza iba a permanecer siempre. Formabas parte de cada bocanada de aire, de todos esos olores que se mezclaban entre los gritos de los niños que salían de la escuela. Tus pies habían recorrido esas mismas aceras una y otra vez hasta que ni siquiera tenías que ver. Hasta que te dio por ver.

Te sientas en un banco con el mar enfrente y miras como la luna sale por detrás de una nube. Sabes que, estés donde estés, seguirá siendo la misma, pero tu no. Ya no serás la misma, y cada vez que levantes la cabeza para observar el cielo estrellado en busca de una fiel compañera que jamás te abandonó ya no será lo mismo. Derramas una lágrima. La nostalgia te invade antes de tomar otro camino mientras el mar insiste en luchar una y otra vez contra la arena. Crees que eres el agua que intenta sobrepasar un límite que alguien había puesto ahí para otro. Te sientes con fuerzas para hacerlo. Tomar la decisión nunca fue fácil, pero ahora todo se antoja mucho más complicado. Hasta que te dio por ver.

Sientes el impulso de salir y volver a observar las mismas caras de siempre. Intentas imprimirlas en tu mente. Quieres tener la sensación de que tu pasado todavía te pertenece, quieres saber que viviste todo lo que recuerdas. Que no fue otra persona. Algo ha tenido que cambiar para que esto suceda, y lo sabes. Crees que ha pasado demasiado en muy poco tiempo. Cayó el péndulo y ya no hay vuelta atrás. Una espiral descendente que en un momento preciso se para y cree que tiene que subir. Un círculo que no se cierra. Saludas mientras caminas sin sacarte los auriculares porque, en el fondo, apenas te importa lo que puedan decirte. Ya sabes que quedarán atrás y sólo quieres una imagen. Hasta que te dio por ver.

Observas hasta donde tu vista puede abarcar con ansia, con miedo de no volver a ver lo mismo otra vez. Todo te resulta conocido. Has pasado gratos momentos en todas esas calles. Puedes dar una canción, una cara, un nombre a cada una de esas esquinas, esos garitos. Había sido todo tuyo y en tu cabeza iba a permanecer siempre. Formabas parte de cada bocanada de aire y has decidido que eso ya no será así. Hay que cortar demasiados hilos. Siempre hay que cortarlos. Quieres formar otros nuevos, fortalecer otros. Ya sabes que quedarán atrás y sólo quieres una imagen. Pero tomaste esa decisión. Quisiste tomarla. Quieres tomarla y la tomarías de nuevo. Siempre hay que volar a tiempo.

No, ya no es tuyo. Vuelves a andar por esas calles como si no las hubieras pisado en tu vida. Todo te resulta extraño. Pobre Ressa. Ha perdido el norte y no sabe hacia donde va. Pero sabe hacia donde quiere ir.

El curso natural. Todo corre demasiado deprisa como para entretenerse a ver, escuchar, entender. Aunque ella quería hacerlo, no podía.

Algo ha cambiado, aunque ella no supiera identificarlo. Algo ha cambiado, aunque ella quisiera saber qué. Aunque no le importara demasiado.

Una importancia relativa que siempre es subjetiva.

Crece.

A veces no hay vuelta atrás para unos.

Otros no quieren mirar atrás, sabiendo que hacerlo implicaría volver hacia allí. Y no quieres volver hacia allí.

Te sientas en un banco con el mar enfrente y miras como la luna sale por detrás de una nube. Sabes que, estés donde estés, seguirá siendo la misma, pero tu no. Ya no serás la misma, y cada vez que levantes la cabeza para observar el cielo estrellado en busca de una fiel compañera que jamás te abandonó ya no será lo mismo. Derramas una lágrima. La nostalgia te invade antes de tomar otro camino mientras el mar insiste en luchar una y otra vez contra la arena. Aunque un nuevo camino se abre. Siempre hay nuevos caminos. Adiós.

No hay comentarios:

Publicar un comentario