jueves, 17 de enero de 2013

Autoengaño

La herida seguía supurando. A menudo, suele doler más esto que cualquier otra cosa. Puso sus esperanzas en algo que se había convertido en humo. Quizá no, pero no lo sabía, y al no saberlo, se había convertido en humo. Ella ya estaba harta de preguntarse siempre por la otra persona. Ciertamente, era un juego muy complejo. ¿Un juego?. Ressa no encontraba ningún otro nombre que se ajustara más a la realidad. Un acercamiento que no se concreta, una esperanza vana de algo que te has inventado, hasta que luego topas con la certeza de que, evidentemente, estás haciendo el gilipollas. Ante el espejo dijo esto, y luego se metió en la ducha. El efecto purificante del agua, ilusorio, se llevaba todo esto mientras se concentraba en las gotas que le caían en la cara. Mientras cruzaba el portal de su casa, vio la cuesta abajo que conducía a la avenida principal y volvió a preguntárselo.

Es más difícil enamorarse que olvidar. Cuando lo primero pasa, lo segundo parece aún más complicado. La estupidez humana tiene límites, pero éstos son para quien puede permitírselos. Pero creía que había pasado algo. Una pequeña chispa. Resultó ser nada. ¿Qué había pasado? Había llegado a conocerse a sí misma bastante bien. Creía. ¿Qué había pasado? Pensaba que no era el instante de que ocurriera eso. Había otros momentos propicios para ello. No ahora. Creía que no le faltaba nada hasta que se dio cuenta de que la necesidad puede ser creada. En un momento preciso algo cambia en la mente para que eso suceda. Se maldijo a sí misma. Por autoengañarse. Por tonta. No tenía otro nombre.

La herida seguía supurando. Duele más la ignorancia que las duras palabras. Aquella otra persona había estado en la mente de Ressa demasiado tiempo. Con demasiada intensidad. ¿Lo había querido así?

Demasiadas vueltas para tan poco recorrido. Ella cobró consciencia de su propia estupidez e intentó pensar con lógica. No la había. Controlar algo así es posible. Ella lo sabía. Lo había hecho antes. Evitar cualquier tipo de sentimiento. Estúpida.

Intenta agarrar una mota de polvo mientras vuela mecida por el viento y entenderás lo que ocurre. Piensa lo grande que es el mundo y nunca será suficiente. Las personas se rinden ante lo que no pueden explicar. Ella no podía explicarlo. Se rindió, claro que se rindió. Aunque no supiera por qué. Lo que no sabe es que todo puede ser mentira. Creía encontrarse en medio de una lucha que no podía ganar. Tiene que ser recíproco y ella estaba convencida de que, a pesar de que había ocurrido algo, no lo era. ¿Por qué le daba vueltas? Estúpida.

Demasiadas vueltas para tan poco recorrido. Estúpida.

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