lunes, 11 de febrero de 2013

Knockout

Siempre bajo sospecha. Decidió que, hiciera lo que hiciera, siempre habría unos ojos vigilantes observando. En las encrucijadas hay momentos de duda. Dudar no está prohibido, tampoco está permitido. Pero mientras ella se mantenía en pie sentía el apremio de los demás, sentía un aliento en su nuca demasiado incómodo para ser soportado con naturalidad. Ressa encajaba los golpes, pero lo que no sabía es que podía evitarlos. En ciertos momentos se proponía seguir adelante, costara lo que costara. En las encrucijadas siempre hay momentos de duda, pero creía que podía posponer la decisión. Pero el tiempo siempre se termina.

Siempre bajo sospecha, siempre en constante compromiso. Se iba ya el sol, casi tan agotado como ella. Cuando la oscuridad fue total, agarró el paquete de tabaco y salió a la calle. Hay costumbres que nunca cambian aunque todo el resto ya no sea igual. La noche tampoco cambia, y ella creía que era lo único mínimamente estable en su vida. Un cambio tras otro puede marear a cualquiera, aunque en ciertos momentos se proponía seguir adelante, costara lo que costara. La analogía entre ella misma y la noche se antojaba demasiado ideal como para ser desechada en primera instancia. La luna intentaba penetrar con fuerza el negro del cielo, y los pasos de Ressa resonaban sobre el pavimento. Todo parecía tan artificial que no terminaba de creérselo. Aunque el tiempo se termine, ella debe seguir corriendo.

Siempre bajo sospecha, siempre en constante compromiso en un mundo artificial. Mientras caminaba fijaba la vista en los edificios que a lado y lado de la calle se erguían orgullosos. Creados por la mano del hombre, su sensación de perdurabilidad era tan artificial como su propia esencia. ¿Qué quedaba de natural en el mundo?. Absolutamente nada, se dijo. Todo se había codificado, todo era mera invención. Ya nada podía ser espontáneo, ni siquiera podía antojarse libre. Menuda estupidez creer que el azar existe, ¿verdad?. Lo cierto es que existe, aunque ella no lo supiera. Una idealización de la naturaleza, caos en sí misma, que no volvería. ¿Acaso había existido?. Todo parecía tan artificial que no terminaba de creérselo y le daba asco. Los seres humanos habían moldeado el mundo a su antojo y, mientras tanto, se autodestruían. Pero siempre permanecían al acecho, siempre bajo sospecha, siempre en constante compromiso en un mundo artificial.

Hay algunos momentos en que se toma consciencia de la artificialidad del mundo. Todo está pensado y proyectado para que sea así. A Ressa le sobrevino un escalofrío al pensar que, de forma doble probablemente, su destino estaba fijado. Dudar no está prohibido, tampoco está permitido, y al no estar permitido la angustia se apoderó de ella. Era incapaz de tomar sus propias decisiones mientras el mundo la acuciaba a ello. Se repitió con vehemencia que eso era falso. Pero la duda siempre asaltaba a tiempo. Debía tomar una decisión que, de algún modo, ya estaba prevista de antemano. Y eso la sacaba de quicio.

Siempre bajo sospecha, siempre en constante compromiso en un mundo artificial que necesita alimento. Ante el mar. Siempre ante el mar. La brisa revolvía su pelo mientras las estrellas tiritaban allí, muy lejos. Quiso sentir la arena entre los dedos de sus pies. Oía el rumor que se extendía en el agua, como si supiera algo y no osara decirlo en voz alta. Aún así, podía escuchar los gritos de un mundo que languidece eternamente. Ressa se sentía enjaulada. Se dijo que los seres humanos no sabían vivir de otro modo. Ella tampoco, y por ello prefería la inmovilidad. Alguien dijo que sólo quien se mueve puede sentir sus cadenas. Sus muñecas y sus tobillos lucían ya las marcas de quien ha permanecido atado demasiado tiempo, aunque quisiera negarlo. Su propia estupidez aparecía para salvarla en el momento más oportuno. Siempre a tiempo. Pero el tiempo siempre se termina, el mundo corre y ella está agotada.

Siempre bajo sospecha, siempre en constante compromiso en un mundo artificial que necesita alimento como un carroñero, un cuervo que sólo se come lo que ha muerto para mantenerse con vida. Una eliminatoria tras otra en la que sólo pueden sobrevivir los más fuertes. O los más estúpidos. En todo caso, eso debéis decidirlo vosotros.

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