viernes, 21 de junio de 2013

Algo, allí, ahora

En tus ojos veo el mundo entero. Un bosque al atardecer, dorado, donde no hay nada más que la luz bañando todo lo que puede verse. Ahí me quedo de pie, contemplando lo que ante mi vista se extiende, preguntándome qué hay más allá. Quiero saberlo y no quiero saberlo. Aún oigo los llantos de lo que dejé atrás y los que oiré cuando, por fin, decida abandonar este sitio. Pero aún no es el momento, no, y si no es el momento, prefiero quedarme aquí.

En tus ojos veo el mundo entero, y allí a lo lejos se ve ya la luna llena mientras el dorado se convierte en plateado y el fuego se apaga. Un manto negro, estrellado, que todo lo cubre y sólo hay silencio. Cada vez veo menos, pero no me importa. Sé que me importará dentro de un rato, pero no ahora porque aún no he decidido abandonar este sitio. El viento mece las ramas de los árboles, pero no oigo absolutamente nada, y en ese momento no hay zozobra posible que empañe el alma. No, no me muevo, no quiero hacerlo.

En tus ojos puedo ver el dolor. Sólo un ciego cree que todas las almas son buenas, puras. Almas agrietadas, que sufren cual yunque cuya resistencia está al límite. A veces creo que sus sonrisas son el sucedáneo, la droga, de su propio espíritu. Lo fugaz de lo bueno se mezcla incesantemente con el sufrimiento y, luego, al girar la vista atrás, no es posible discernir qué es qué. Y al echar la vista al frente, tampoco. Ahora, sí, ahora, y por eso no quiero moverme. El viento ya sólo susurra, y lo oigo mientras un búho se posa sobre una solitaria rama. En plena noche, esperar compañía es de ingenuos.
En tus ojos puedo ver el dolor del mundo entero. Porque siempre habrá alguien dispuesto a herir. Antes y después, pero no ahora. Dejaremos la épica para los valientes y los estúpidos, porque sólo los que tratan de sobrevivir respirarán aliviados mañana. Ser yunque y martillo a la vez, dicen. Oh, no, no es necesario. Herir y ser herido, ése es el motor del mundo. ¿Qué estás intentando proteger?

En tus ojos puedo leer un cuento, y en plena noche, aquí y ahora. Una historia que empieza y aún no ha terminado. Por eso, sólo por eso, quiero quedarme aquí mientras el sol despunta tras esas montañas. ¿Las ves? Me dijeron que hay que escalarlas, pero ambos sabemos que no queremos, que no lo haremos, que no será necesario. La luz empieza a molestarme y busco refugio bajo la copa de los árboles. Y ahí seguiré hasta que pueda volver a ver tus ojos.


[Para MJ.]

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