lunes, 25 de noviembre de 2013

Cinco segundos

A veces intento entender qué puede pasar por la cabeza de otra persona cuando me la cruzo en la calle. Sólo un pequeño destello, una fugaz sensación de reconocimiento y una mirada directamente a los ojos. Quizá la he visto centenares de veces antes en esa misma calle, quizá no la he visto jamás. Apenas importa. Es un instante intenso, y en él intento capturar ese pequeño destello, esa fugaz sensación de reconocimiento. Quiero recordar cada segundo de esos cinco que transcurren en silencio. 

Sobran las palabras, pues no sabríamos qué decirnos. Pero, a veces, así se dice más. Me da tiempo a pensar "adiós, hasta nunca" mientras absorbo ese momento. Como si el tiempo fuera una persona y yo pudiera poseerlo, hacerlo mío y que cumpliese mi voluntad. Que se pare y que, de repente, acelere hasta poder volver a experimentar exactamente lo mismo en otro lugar. Que se pare y se quede ahí, exactamente donde yo lo quiero y que no avance hasta que yo se lo ordene. 

Que me obedezca, que me obedezca sólo a mí, que se doblegue, que no pueda negarse a nada. Quiero ser el amo del tiempo y que se convierta en una ristra de recuerdos y de posibles. Quiero elegir, poder apuntar con el dedo y gritar "ahí". Agarrar unas tijeras y recortar el sufrimiento futuro, y vivir en una cinta de Moebius de felicidad perpetua y constante. Quiero olvidar que del polvo venimos y en polvo nos convertiremos y que somos la mierda cantante y danzante del mundo. Quiero que pequeños instantes sean grandes tesoros, que todos tengan un valor incalculable. Que no seré yo quien lo decida sino otro y yo pueda dedicarme a sentir, a experimentar. Sólo a eso.

Quiero ser el amo del tiempo y cambiar la historia. Que el débil siempre pueda vencer y los justos sean los primeros. Que nadie muera de hambre. Que todos puedan ser felices.

Quiero ser el amo del tiempo y cambiar la historia. Somos una plaga que sólo hace brotar la inmundicia allí por donde pasa. Quiero que el humano se salve y no quiero que lo haga.

Quiero que el tiempo se pare y retener todo eso durante cada uno de esos cinco segundos en que mi mirada conecta con la de ese desconocido. No olvidaré esos ojos hasta que encuentre a otros, y quizá pensaré exactamente lo mismo cuando, al cabo de tres minutos, viva exactamente lo mismo con otra persona. Porque cada instante es importante, y quiero ser el amo del tiempo.   

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