domingo, 12 de enero de 2014

Últimas voluntades

Antaño. Ahora nos vemos reducidos a la nada. Somos un despojo, desechados, humillados y vilipendiados. Los viejos sólo podemos recordar, y siempre nos llega ese momento.

¿Recuerdas cuándo creíamos que nos íbamos a comer el mundo? Nos sentábamos alrededor de una mesa y charlábamos de lo que conquistaríamos, de quiénes llegaríamos a ser. De un tiempo a esta parte, ¿qué hemos hecho? Bah, deja de quejarte. Sólo pierdes el poco tiempo que nos queda. Ambos sabemos que no hemos vivido y, sin embargo, nos acercamos al ocaso de nuestra existencia. Porque nada hay más allá, y nada nos espera cuando cerremos, por última vez, los ojos. Pero a veces, sólo a veces, me invade la esperanza. Una esperanza. Sólo un instante en el que el corazón me da un vuelco y sonrío. Pero no, aún no he cerrado los ojos y sigo viendo. Prefiero no recordar.

¿Recuerdas cuándo creíamos que nos íbamos a comer el mundo? Estábamos a medio camino y creíamos que ya lo teníamos todo. Todo. Todo lo que se quedó en palabras y nunca tuvo cuerpo. Nosotros también seremos nada, del mismo modo que nuestras vidas soñadas. Queríamos ser los mártires de la palabra libre, volar por encima de todo y todos y jamás llegamos a levantar los pies del suelo. Del "qué nos pasará" hemos pasado al "qué nos pasó" y siempre giramos la vista atrás. Algo hemos hecho mal, pero prefiero no recordar.

¿Recuerdas cuándo aún teníamos sueños? El mundo nunca nos correspondió. Nos hemos pasado la vida pensando que nos debían algo que nunca tuvimos. Quisimos tomarlo, luchamos por ello. Ahora somos un despojo, desechados, humillados y vilipendiados y nadie nos recuerda ya. ¿Para qué? El mundo corre demasiado deprisa y quizá, sólo quizá, ya no queremos alcanzarlo. No nos quedan fuerzas, ¿verdad, viejo amigo?

Tuvimos sueños cuando quisimos comernos un mundo que nunca fue nuestro, pero no queríamos recordarlo. Y ahora ya es demasiado tarde. Ahora nos vemos reducidos a la nada, y a la nada volveremos. Todos.

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