lunes, 31 de marzo de 2014

La senda de la vida

Respiraba pesadamente. Ella volvió a girar la cabeza, pero no vio nada. Seguía siendo de noche, seguía oyendo un ruido raro y volvió a girar la cabeza. Empezó a andar aún más rápido, cada vez más, un paso y luego el otro mientras el destino se abalanzaba sobre ella. Una uña en la yugular, una cadena en la cintura y el yugo en el cuello. Poco a poco, el sudario de la muerte la envolvía amorosamente, como si quisiera acunarla después de darle de comer. Ella abrió más los ojos, se retiró los espesos rizos de la cara y de repente no vio nada delante de sí. Sabiendo que a veces más vale recular un paso para avanzar dos, lo hizo. Y esperando ver el futuro, se hundió en el camino que ya había recorrido. Poco a poco, aún más rápido, cada vez más, primero un paso y luego el vacío.

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