sábado, 18 de octubre de 2014

El viaje del héroe

Estaba nerviosa y no lo estaba. Esperaba un cálido recibimiento, con mucha gente. Sólo la familia. Quizá unos cuantos amigos. Hacía frío, quizá un tiempo perfecto para regresar al hogar. Se acurrucó en el asiento con una sonrisa en los labios, deseando llegar ya. Cuando sólo tres escalones le separaran de su hogar, sólo entonces, vería la luz.

Iba a ser un viaje de ida y vuelta. Sencillamente, ir y volver. Habían pasado muchos años, quizá demasiados, desde aquel momento en que decidió irse. Aquel día se levantó de la cama pensando en que la vida siempre podría ser lo que siempre había deseado. Estaba nerviosa y no lo estaba cuando, quitándose la ropa antes de meterse en la ducha, pensó que aquel día sería importante. Quizá el más importante. No servía de nada plantearse qué podía salir mal. Ese día, se dijo, sería el más importante.

Iba a ser un viaje de ida y vuelta. Sencillamente, ir. Acto mecánico de desplazamiento entre un lugar y otro en un periodo de tiempo. El principio de la vuelta es el mismo, pero quizá es el que más cuesta. Habían pasado muchos años desde aquel momento en que decidió irse, pero también los pasó bajo su yugo. Estaba nerviosa, terriblemente nerviosa, cuando él se acercó aquella noche. El aliento le apestaba a alcohol y sus ojos miraban sin ver, en medio de aquella neblina de los que creen saber lo que hacen. Aquel día fue el más importante, quizá el más importante, porque jamás volvería a saborear la libertad.

Iba a ser un viaje de ida. Sencillamente, ir. Quién le iba a decir que podría volver. Volver. Volver a sentir otra vez la brisa del viento. Esa que, cada día, por la mañana, soplaba por un extremo de la calle y que nunca faltaba a la cita. Era agradable volver a sentirla, tanto que pensó que la vuelta es lo que más cuesta. Había pasado mucho tiempo. Cuando él se acercó, ella vio un destello en sus ojos y supo que le quedaba poco tiempo. El aliento le apestaba a alcohol, y lo confirmó cuando él intentó besarla, casi mordiéndole los labios. Ella intentó separarse de él, pero no lo conseguía. Jamás volvería a saborear la libertad.

La vuelta al viaje que iba a ser. Sólo quería volver. Volver. Volver otra vez. Sólo eso. Como aquella noche en que él quiso forzarla y ella no lo quiso consentir. Cuando su cabeza se abrió y empezó a sangrar, ella se asustó. Su cabeza negaba lo que había hecho y sus ojos lloraban sin que ella quisiera. No había hecho nada malo. No ella. Cuando deambulaba por la calle después de tanto tiempo, volvió a sentir esa brisa otra vez y pensó que quizá había valido la pena. No lo pensó así en el juicio. Veinte años. Qué lento puede pasar el tiempo.

Fue un viaje de ida y vuelta. Ella había bajado a los infiernos y había vuelto. Sana, limpia, libre. Sobre todo libre. Como aquella noche en que él quiso forzarla, ella no lo quiso consentir y no lo hizo. Hacía frío, quizá un tiempo perfecto para regresar al hogar. Qué habría sido de ella si no lo hubiera hecho, nunca lo sabría. Tampoco quería saberlo. Al fin y al cabo, los héroes siempre vuelven a casa.

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