martes, 16 de diciembre de 2014

Carta de deseos para el nuevo año

Lo intenté, juro de veras que lo intenté. Quise ser como quería ser, pero a veces nuestro gran error es fijarnos objetivos más allá de nuestros límites. No, no he venido a llorar. Tampoco he venido a quejarme. Me presento ante ustedes, insignes miembros de este jurado, para admitir que no he vivido mi vida.

Quizá mi gran error fue soñar. Quise ser lo que no era. Quise querer otra cosa. No lo conseguí, pero tampoco puse gran empeño en ello. Vi mi objetivo, claro y meridiano, allí. Más allá de toda soledad, más allá de todo lo mundano. Lo vi y decidí que era mío, que iba a ser parte de mí. Estúpido.

Quizá mi gran error fue creer que lo podía todo. Quizá debí ser más realista y pensar que la vida es un puro trámite. No quise asumirlo y quise serlo todo, ser yo y ser tú, y ser todos los demás. Quise comerme el mundo entero y experimentar todo lo bueno y placentero de este mundo. Quizá quise querer otra cosa, pero quería eso y eso me consumió.

Quizá mi gran error fue no admitir mi culpa. Quizá antepuse mi yo a sus demás y así, poco a poco, me alejé de todo. Quizá no quise admitir mi culpa porque no creí que tuviera ninguna, porque realmente debí hacer lo que hice. Hice lo que hice y volvería a hacerlo, porque forma parte de mi ser. Un ser que nunca quise ser porque siempre quise querer otra cosa.

Quizá mi gran error fue intentarlo. Debí dedicarme con más ahínco porque nadie iba a vivir mi vida por mí. Claro que no. Suficiente sufrimiento hay ya en una vida, ¿verdad? ¿Cuántos de vosotros concebís vuestas existencias como un puro trámite? Dejad de llorar y agarrad las riendas de vuestra vida.

Quizá vuestro gran error fue no entender nada. Quizá vivís porque es lo que toca y no os planteáis nada más allá. Maldito el día en que llegasteis a la conclusión de que vuestras vidas valen lo mismo que el tocón de un árbol recién talado, porque ese día pasasteis a la muerte en vida en la que estáis cómodamente instalados. Me dais asco. No os soporto.

Quizá vuestro gran error fue darlo todo por sentado. Dar por sentado que sois eternos. Dar por sentado que dejaréis una marca indeleble en este mundo. Moriréis sin dejar un legado. Simplemente porque pensasteis que nada importaba más allá de vosotros mismos.

Por eso, quiero que abráis los ojos, os sequéis las lágrimas y sigáis luchando. Pero ya sabéis que los deseos del nuevo año nunca terminan de cumplirse.

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